Cognición y Conducta

Sintiendo la ansiedad en Parkinson

La enfermedad de Parkinson (EP) es una enfermedad compleja. Sabemos que es una afección en donde existen síntomas motores, que provocan una irrupción en la calidad de vida de los pacientes, puesto que en ocasiones y, dependiendo del grado de desarrollo de la enfermedad, se ven obligados a cambiar y/o abandonar muchas de las actividades cotidianas que el paciente lleva a cabo en su día a día.

No obstante, en la enfermedad de Parkinson también existen síntomas no motores que también repercuten en la calidad de vida del paciente, he ahí el hecho de que sea una enfermedad compleja. Algunos síntomas no motores son: alteraciones del sueño, síntomas autonómicos, ansiedad, depresión, entre otros. Es en este punto en donde si bien, cada vez existen mayores investigaciones e intervenciones que procuran la mejoría de dichos síntomas, se ha dejado de lado el enfoque psicológico de la enfermedad, principalmente de la visión emocional del paciente.

¿A qué nos referimos con la conjunción de la Psicología y la visión emocional del paciente? En resumen, a ese acompañamiento a lo largo de la enfermedad en donde el paciente y su familia experimentan una montaña rusa de emociones, las cuales aparecen desde el día uno del diagnóstico y se van transformando a lo largo del camino de la enfermedad.

Hay que mencionar un aspecto muy importante, habrá síntomas que aparecerán como parte de la enfermedad (síntomas no motores, principalmente neuropsiquiátricos) y otros que aparecerán como consecuencia de la enfermedad, sin embargo, sea cual sea el origen de los mismos, es necesario que el paciente y el familiar reciban una adecuada intervención interdisciplinaria que les permitan mejorar su calidad de vida.

Uno de los síntomas que se manifiestan más frecuentemente a lo largo de la enfermedad es la ansiedad, la cual podemos definir como un estado de agitación e inquietud desagradable caracterizado por la anticipación del peligro, el predominio de síntomas psíquicos y la sensación de catástrofe o de peligro inminente, es decir, la combinación entre síntomas cognitivos y fisiológicos (Sierra, 2003). Ahora bien, la ansiedad se encuentra en una línea muy delgada en la EP, ya que ésta puede aparecer por diversos factores tanto externos como internos del paciente, ya sea como algún efecto secundario de algún tratamiento médico o, por la aparición de una incapacidad de control de su propio cuerpo.

Con el progreso de la enfermedad y el aumento de los síntomas motores, el paciente puede entrar en un círculo vicioso de ansiedad y, por lo tanto, en un estado de ánimo en donde las emociones que predominen sean las negativas (ira, miedo, la ansiedad misma, tristeza): al presentarse una dificultad para moverse y andar o al ir perdiendo la habilidad para realizar alguna actividad cotidiana, el paciente entra en un estado de frustración, puesto que ya no es capaz de realizar dichas situaciones con la naturalidad habitual, desencadenando un estado ansioso en la persona, la cual a su vez potencializa los síntomas motores, impidiéndole al paciente el realizar las acciones y, por ende, incrementar aún más la presencia de ansiedad.

Mantenerse en un estado constante de ansiedad por períodos largos es peligroso, ya que las señales que le mandamos a nuestra mente son de presentar un estado de huida permanente, lo cual repercute en la salud mental del paciente. Es por esta razón que es de suma importancia que el paciente con EP reciba un acompañamiento psicológico a lo largo de su enfermedad, ya que, es necesario encaminar al paciente y a su familia a un proceso de aceptación y adaptación, en donde mediante sesiones psicoeducativas, se pueda contener de la mejor manera posible los síntomas que la ansiedad pueda generar.

El principal objetivo de este acompañamiento no es “desaparecer” la ansiedad del paciente, sino controlarla de mejor manera, enseñarle a verla como una aliada, a conocerse más a sí mismo, a escucharse para que pueda conocer cómo reacciona su cuerpo y mente ante situaciones que le puedan generar ansiedad, a prevenir la entrada del círculo vicioso de ansiedad y los síntomas de la enfermedad y, principalmente a ir creando un estado en donde la paciencia, la aceptación y el amor propio pueda ayudarle a desarrollar habilidades que le permitan hacerle frente de la mejor manera al recorrido de la EP y de esta manera, su calidad de vida mejore en todos los sentidos.

psic. Sofía gonzález garcía


Referencias bibliográficas:
• SIERRA, Juan Carlos; ORTEGA, Virgilio e ZUBEIDAT, Ihab.Ansiedad, angustia y estrés: tres conceptos a diferenciar. Rev. Mal-Estar Subj. [online]. 2003, vol.3, n.1, pp. 10-59. ISSN 1518-6148.
• DE, D. E. L. E. (2006). Ansiedad, ira y tristeza-depresión en la enfermedad de Parkinson (Doctoral dissertation, Universidad Complutense de Madrid).

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